(perdedor)

La vida vale la pena vivirla porque pudiendo no ser, es

Por la lucha interna al abrir los párpados diariamente al despertar, notar la sangre correr por las venas, mirarte los brazos y ver que dentro circula y estás viva. Y que las arterias palpiten cuando te mira y notes que esas taquicardias te salvarán la vida. Por la ternura tibia y oscura al estar rodeada de sábanas, mantas y cojines y saborear el regusto de haber perdido la consciencia durante unas horas. Y por despojarte de esa ternura para alzarte y ver que el Sol ha seguido saliendo, sin sentirse mal porque no tuviera los espectadores que se merece. Y por sentir que al igual que él, tú seguirás haciendo las cosas que te gustan y que quieres aunque nadie más las aprecie. Por ponerte a bailar lentamente, formando parte del aire, y fantasear con que eres Eva Green en Los Soñadores, moviendo los brazos desnuda y sintiendo que nada importa más que ese momento. Y porque ese momento será Aleph y sentirás que todo el mundo y tú sois lo mismo. Por sentir el agua fría en la cara y en las manos y mirártelas, y cerrarás los puños y los abrirás, viendo como tus nudillos se tiñen por la circulación y te darás cuenta de que con las manos puedes crear y tocar. Por tocar las superficies frías cuando te pones nerviosa y darte cuenta que nada es tan grave como parece. Y que lo que parece muchas veces no es, o es, pero ciclópeo y aumentado, y entonces te fijarás en cada detalle como motas vitales que forman un conjunto maravilloso.
Por salir a la calle y que el frío te dé una bofetada y te encienda las mejillas y casi te arañe y tú sientas que has de seguir adelante. Por el olor de las panaderías a cualquier hora del día y mirar a los escaparates para ver lo guapa que estás en vez de la ropa que exponen. 
Por las veces que has intentado caminar por la parte blanca de los pasos de cebra y lo que te amansa la luz de una vela. Por los besos dados en la espera del cambio de los semáforos rojos a verde y el azul tan profundo del mar que te empuja y te adentra a una calma contradictoria: olvidándote de quién eres y sentir que eres en cada poro. Y que la espuma del mar te haga recordar a cuando eras pequeña y recogías caracolas con tu padre y sonrías porque algo tan insignificante simbolice un mundo para ti. 
Vale la pena vivir por las personas que conocerás en situaciones extrañas y no entenderás cómo has llegado ahí, pero has llegado y le has mirado y ahora te sientes más viva porque en sus pupilas ves un montón de vidas conjuntas que has vivido con ella aunque no entiendas nada. Y lo llamarás Sehnsucht y te enamorarás de la nostalgia de cualquier tiempo verbal. 
Y por el dolor. Sí el dolor. Porque aprenderás de él y crecerás como persona. Y mirarás atrás y verás que has cambiado, palpando que eres un fuego donde ninguna llama es igual a otra. Y por las cicatrices, moratones y cardenales que aparecerán en tu piel y en tu mente, demostrándote una vez más que estás sintiendo en cada vértice de cada nervio de tu cuerpo. Y eso te dará el derecho de plantarte en medio de una carretera vacía y gritar a pleno pulmón que has vivido. 
La vida vale la pena porque llueve cuando quieres. Porque ves que todo lo malo se va con el cielo llorando, por la mirada perdida al observar las luces reflejadas en los charcos y por las historias que inventarás con los transeúntes. La vida vale la pena por los desconocidos y poder contarles la verdad sin reparos y esa libertad de no ser juzgado y de que no te frenen porque no saben quién eres y porque puedes serlo todo.
La vida vale la pena por el recorrido que hace una nueva canción por tu médula espinal, por acariciar los lomos de los libros y olerlos, por pasear en silencio por las librerías y bibliotecas y hacer los libros tuyos. Por vivir en más mundos sin moverte del sillón. La vida vale la pena porque puedes ser una perdedora. Porque puedes perder la vergüenza y celebrarlo todo perdiendo la dignidad, porque para qué la quieres. Porque puedes perder el camino a casa y enamorarte en un bar al preguntar qué estación de metro pilla más cerca. Porque puedes perder las llaves y terminar durmiendo en casa de tus amigos y acabar borrachos o bailando o en silencio tumbados porque incluso eso te hará sentir muchísimo. Y por perder las bragas, y que no te importe porque para eso están. La vida vale la pena por perder el tiempo, porque no te importará qué hora es cuando estés riendo a carcajada pura o llorando desconsoladamente. Y por perder el tempo porque te gusta tantísimo lo que haces que tus ciclos biológicos se irán al traste.
La vida vale la pena porque querrás con el corazón bajo la manga, con los sentimientos a flor de piel y la mente desnuda. y querrás tan intensamente que dolerá y querrás llorar. Y entonces dejarás de pensar para qué vale la pena vivir porque quieres y solo te importa querer y querer y cada vez más fuerte y más veraz. 

En realidad, la vida vale la pena porque puedes sentirlo y perderlo todo.

Piérdelo todo, maldita sea, pierde la cabeza, las bragas, el camino a casa. Pero no pierdas la vida mientras buscas cosas inútiles. Porque encontrar no es algo que valga nunca la pena.

2 comentarios:

  1. Vaya. Que texto tan precioso… fue la compañia perfecta para mi café mañanero. Saludos desde Colombia.

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