(delicadeza)


Hoy he estado pensando en la delicadeza. En una chica pálida, hundida en sábanas como si formaran parte de su propio cuerpo. Respiraba tan suave que ni siquiera se oía. Era esa clase de fragilidad que te hace pensar que una luz demasiado intensa o un portazo estruendoso podría romperla.
Tenía párpados exquisitos e imaginaba que otra persona tenía que ponerle el cigarrillo en la boca, como si estuviera a punto de desfallecer. 
El pelo estaba alborotado pero conjuntaba tanto con la imagen que parecía que había sido colocado meticulosamente en la almohada.
Me la imaginaba en blanco y negro, pero aún así, la elegancia puntiaguda de su piel le otorgaba tonos azules. Fríos, como cuando la sangre queda dentro de la piel, una guerra interna, su espalda a punto de quebrarse.
Era una gran ola de calma imperturbable, y me chirriaba la cabeza al pensar en el choque contra la orilla. El momento en que el jarrón cayese al suelo. En el que ella se moviese o alguien entrara y corriera las cortinas y la dejara ciega.
Y volviera a sentirme triste otra vez.

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