No sé cuánto tiempo una persona puede tener escalofríos por contener emociones con ángulos punzantes donde quedarse colgado antes de dormirse. O de marearse.
Lo estoy calculando. Llevo cincuenta y seis minutos y sigo teniendo la lengua caliente, los labios húmedos y la manta guardada.
Pronto me empezarán a doler los músculos, luego los huesos, y la inercia provocará que me cuelgue en algunos de los ángulos que te he dicho.
Me encontrarás ahí, en silencio. Oirás la madera crujir cuando entres, espero que no sea demasiado dramático. Seguiré pálida, puede que algo más, pero no balancearé. Habrá sido limpio, impecable, no sé si indoloro, pero prometo no mostrarlo en la cara.
No me bajes tú. Solo abre el reproductor y escoge la canción que quieras, eso se te da bien. Mírame una última vez y vete, e intenta no dejar lágrimas en el recibidor, nunca me ha gustado lo barroco.
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