(paralelos)


Estás dentro, tú, jodido hijo de puta.
Abro los ojos, y da igual si estoy estirándome recién levantada o sentada al borde de la cama con las ojeras rosas apunto de metamorfosearse en lagos.
Me levanto odiándote visceralmente.
Me miro las manos, frías, blancas con los nudillos amoratados, y solo te veo a ti, circulando. A veces no puedo ni respirar, pero no puedo quejarme, yo monté los columpios en las ramas de mis pulmones.
Y ando, en una casa en silencio y callada, vacía. Y estás ahí, dentro. Como si me abrazases por detrás o me mirases desde el pasillo, recostado en la pared, con esos ojos. Esas inocencias que terminan por pervertirme.
Apoyo la frente sobre el marco de la puerta, cierro los ojos. De lo único que seré consciente en esta vida es de que me estás volviendo loca. 
Estás en los pasadizos de mi cabeza, en los dedos, en la nuca. Estás dentro y no puedo sacarte, maldita sea. Puedo oírte cuando respiro y me muerdo los labios por si a ti también te duele. ¿Te duele? Me dueles. 
La canción me está diciendo que la sangre de la boca cae a las manos, pero es que no me importa. Ya no estoy. No estoy sucediendo. Hay una chica pálida, con apenas ropa en una habitación con una sensación marmórea en el aire pero esa no soy yo. No estoy pasando. He dejado de ser por las ganas de que estés. 
Porque estás en mis venas y no puedo sacarte. Y yo quería contorsionarme con mi línea paralela, no tragármela. 

Pero estás dentro y de forma retorcida, juntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario